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La primera impresión de un cliente se basa en las cualidades del vendedor. Algunas son innatas -las que constituyen la base de la personalidad-, aunque también existen otras que pueden adquirirse y perfeccionarse mediante la práctica.
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Hoy en día se requiere vender percepciones y valor. Por lo tanto, los nuevos productos o servicios son aquellos que los clientes objetivos definen a través de su percepción y no lo que las empresas piensan, quieren o creen.
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La capacidad de negociar es una de las principales competencias que deben desarrollar los profesionales. Las investigaciones demuestran que es una habilidad que puede adquirirse, y que se incrementa con la práctica.
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El manejo de las objeciones es un proceso dentro del proceso de venta; es relevante tener una actitud positiva y no despreciarlas ni discutir con los clientes. El vendedor debe aceptar que el comprador siempre presentará objeciones; si no lo hace, será síntoma de falta de interés de compra.
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Cada una de las organizaciones tiene sus propios mitos en cuanto a la calidad de su producto. Y son justamente esos valores y creencias los que las distinguen de las demás.
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"Todas las cosas ya fueron dichas, pero como nadie escucha es preciso empezar todo de nuevo" (André Gide)
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La creatividad responde a los cambios pero también los provoca. Por tal motivo, en un contexto tan competitivo como el actual, la innovación permanente se ha convertido en requisito esencial para la supervivencia del negocio.
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Los empresarios poseen esquemas mentales, una forma de interpretar la realidad que los lleva a tomar decisiones sobre cómo afrontar la tarea de alcanzar los objetivos fijados.
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El conjunto de valores de una persona es clave en sus actividades de consumo. Por tal motivo, gran parte de los conceptos fundamentales del marketing se basan en la capacidad para reconocerlos.