El turismo LGBTQ+ sigue creciendo, pero el principal dato de 2026 no habla de expansión sino de repliegue: por primera vez, una mayoría de viajeros del colectivo reconoce que oculta su identidad cuando viaja. La industria empieza a hablar de los “closet-cationers”, un juego de palabras en inglés que alude a los viajeros que vacacionan ocultando quiénes son.
Turismo LGBTQ+: la paradoja del viajero que vacaciona en el clóset
El último informe de Booking.com revela que la mayoría de los viajeros LGBTQ+ ocultan su identidad al viajar. Qué implica ese dato para Latinoamérica.
Latinoamérica tiene una ventaja comparativa real y verificable en turismo LGBTQ+, justo en el momento en que el viajero global se vuelve más cauteloso respecto a su seguridad.
Los especialistas advierten que en una época donde "la inclusión es tratada como una amenaza” exige a las empresas de turismo LGBTQ+ a convertirse en “agentes de innovación”.
Sudamérica es, en promedio, la región con el mejor puntaje de derechos legales (Legal Index) del mundo para el segmento de turismo LGBTQ+.
En pocas palabras
- Viajeros LGBTQ+: Una mayoría oculta su identidad por temor en sus vacaciones, según Booking.com.
- Latinoamérica: Región con el mejor puntaje promedio global en derechos legales LGBTQ+, según Equaldex.
- Industria turística: Debe pasar de "porristas" a "agentes de cambio" para garantizar la inclusión real.
Una de las investigaciones más amplias jamás realizadas sobre el segmento muestra que hoy la mayoría de los viajeros LGBTQ+ elige esconder su identidad mientras viaja.
Salir de casa para volver al placard
Booking.com presentó en mayo su Travel Proud Research Report 2026, la investigación más extensa hecha hasta ahora por la compañía sobre el segmento: 13.300 viajeros LGBTQ+ encuestados en 19 países, entre ellos Argentina, Brasil, Colombia y México.
El hallazgo central es contundente: sólo el 31% de los viajeros LGBTQ+ se muestra abiertamente “out” mientras viaja, frente al 68% que sí lo está con sus amigos cercanos en su día a día. Y el 40% afirma estar dispuesto a ocultar su identidad con tal de poder conocer un destino que tiene en su lista de deseos.
El informe identifica además un patrón incómodo: los viajeros que deciden no mostrarse abiertamente son, paradójicamente, el único segmento de la comunidad donde una mayoría (53%) no reporta sentir ansiedad durante el viaje. Es decir, ocultarse funciona como mecanismo de protección emocional, aun cuando eso suponga una renuncia.
El riesgo percibido crece
Las precauciones adicionales también crecen: 44% de los encuestados declara estar tomando más recaudos que hace pocos años, como compartir la ubicación en tiempo real con contactos de confianza (25%), borrar aplicaciones de citas antes de cruzar una frontera (16%) o usar VPN para encubrir su actividad online (19%).
“Los datos revelan una tensión real: muchas personas sienten la necesidad de filtrar u ocultar su identidad solo para poder experimentar un destino soñado de forma segura” afirmó Ian Ackland, director gerente para las Américas de Booking.com.
A pesar de este contexto, el informe no es solo de retroceso: el 82% de los encuestados declaró haber tenido al menos una experiencia positiva vinculada a su identidad durante el último año. El contraste es la otra cara de la moneda: el 58% también reportó haber atravesado un trato negativo.
Leyes que avanzan, clima social que se tensiona
El Spartacus Gay Travel Index 2026 -presentado en alianza con Booking.com y su programa Travel Proud, y que evalúa la situación de 217 países y regiones- describe lo que sus autores llaman “el patrón central de 2026”: la creciente distancia entre el progreso legal y el clima social.
Islandia encabeza el ranking, seguida por Malta y España, y luego Bélgica, Canadá, Alemania y Portugal. Pero el informe marca un fenómeno inquietante: países considerados tradicionalmente como pioneros y estables -Canadá, Australia, Dinamarca- pierden puntos en la categoría que mide la hostilidad social percibida, aun manteniendo intacto su marco legal.
El caso de Estados Unidos resulta paradigmático de esta fragmentación: mientras estados como Delaware, Rhode Island o Michigan amplían sus protecciones legales, a nivel federal se han producido retrocesos concretos para viajeros trans y no binarios, incluyendo cambios en la posibilidad de autoidentificación de género en el pasaporte.
Latinoamérica: la región mejor posicionada
En medio de esta fragmentación global, el dato más significativo para la región pasa casi inadvertido: según el Equality Index de Equaldex -el índice más utilizado para medir derechos LGBTQ+ por país, que combina marco legal y opinión pública en 197 naciones-, Sudamérica es, en promedio, la región con el mejor puntaje de derechos legales (Legal Index) del mundo: 73 sobre 100, por encima incluso del promedio de Europa Occidental.
El ranking individual de países confirma la tendencia:
- Uruguay ocupa el tercer puesto a nivel mundial (87/100), solo por detrás de Islandia y Noruega, con un Legal Index perfecto de 100/100.
- Chile se ubica octavo en el mundo (80/100), también con Legal Index de 100.
- Cuba aparece en el puesto 15° global (77/100).
- Brasil ocupa el puesto 19° (75/100).
- Argentina se posiciona 21° en el mundo (74/100).
- Colombia llega al puesto 24° (71/100), con un Legal Index de 92/100, entre los más altos del planeta.
- México comparte el puesto 25° con Colombia (71/100).
Siete países latinoamericanos están así entre los primeros 25 del ranking global, una concentración que ninguna otra región fuera de Europa logra igualar.
Buenos Aires, capital regional de un segmento que pide certezas
Si la encuesta de Booking.com describe a un viajero global cada vez más cauteloso, el correlato lógico es que ese viajero buscará con más cuidado los pocos destinos donde no necesite hacer ese cálculo.
Argentina fue, en 2010, el primer país de América Latina en legalizar el matrimonio igualitario, y dos años después sancionó una de las leyes de identidad de género más avanzadas del mundo al permitir el cambio registral por autopercepción sin requisitos médicos.
Buenos Aires concentra buena parte de esa reputación regional. La ciudad es sede de una de las marchas del Orgullo más numerosas de la región, que cada noviembre convoca a cientos de miles de personas desde la Plaza de Mayo hasta el Congreso, y su escena del colectivo se despliega especialmente en los barrios de Palermo, San Telmo y Recoleta.
A esa base legal y de infraestructura turística específica se suma un factor adicional que no es menor para el visitante internacional: la relación cambiaria, que sostiene a la ciudad como una opción de buen costo-beneficio para el turista de Estados Unidos y Europa frente a otros destinos premium del colectivo.
De la performance a la “verificación constante”
En marzo, IGLTA Foundation -el brazo filantrópico de IGLTA, miembro afiliado de UN Tourism- publicó el reporte “Redefiniendo el turismo LGBTQ+: Involucrar a los agentes de innovación para impulsar el cambio”, resultado de un Think Tank de liderazgo realizado durante la Convención Global de IGLTA en Palm Springs.
El documento, que recoge la discusión de directivos de empresas como Airbnb, American Airlines, Visit California y Chase Travel, entre otros, parte de un diagnóstico directo sobre el clima descripto más arriba: “la era en que los derechos humanos están politizados y la inclusión es tratada como una amenaza” exige a las empresas dejar de ser meras “porristas” (cheerleaders) de la diversidad para convertirse en lo que el reporte llama “agentes de innovación”.
De porrista a agente de cambio
Las recomendaciones centrales del estudio para llevar a cabo esa transformación son:
- Superar lo performativo: salir de la zona de confort para encontrar estrategias medibles, con métricas de impacto reales y no solo gestos simbólicos.
- La educación como herramienta central: capacitar a equipos y proveedores es, según el reporte, la herramienta más efectiva para sostener el sector en un contexto político adverso.
- No hay un perfil único: las campañas y productos deben evitar la idea de una comunidad LGBTQ+ homogénea, reconociendo su diversidad interseccional.
- Verificación constante, no certificación puntual: el seguimiento y la comprobación sostenida en el tiempo son cruciales a la hora de certificar que un negocio es real y consistentemente inclusivo, y no solo en la temporada de junio.
Esta última recomendación conecta directamente con el crecimiento del propio programa Travel Proud de Booking.com, que ya ofrece capacitación gratuita en hospitalidad inclusiva a sus socios: son más de 142.000 las propiedades certificadas en más de 20.000 ciudades del mundo, con formación disponible en 11 idiomas.
La familia y la economía del viajero
Más allá de la seguridad, la última edición del Expedia LGBTQ+ Summer Travel Outlook -basada en una encuesta a viajeros estadounidenses del colectivo- ofrece una fotografía actualizada del comportamiento de consumo: casi un tercio de los viajeros del segmento en Estados Unidos gasta más de US$ 5.000 anuales en viajes, realizando tres o más viajes por año.
El relevamiento del Turismo LGBTQ+ también confirma la consolidación de un patrón familiar que la industria viene observando desde hace algunos años: viajar con la “familia elegida” es, para este segmento, tan habitual como hacerlo con la familia de origen. La mitad de los encuestados declaró planificar vacaciones en pareja, y uno de cada cinco viaja regularmente con sus padres.
La seguridad, de todos modos, sigue siendo la variable que ordena las decisiones: para el 39% de los encuestados por Expedia es el criterio prioritario a la hora de elegir destino, por encima incluso del precio.
Del diagnóstico a la acción: qué puede hacer Latinoamérica
El cruce de estos datos deja una conclusión poco ambigua para los prestadores turísticos de la región. Latinoamérica tiene, en el plano legal, una ventaja comparativa real y verificable frente a buena parte de Europa y América del Norte, justo en el momento en que el viajero global se vuelve más cauteloso y exigente respecto a su seguridad.
Pero esa ventaja legal no se traduce automáticamente en una experiencia de viaje libre de fricción. El propio informe de la IGLTA Foundation lo señala con claridad: sin capacitación continua del personal, sin verificación sostenida de los compromisos asumidos y sin entender que no existe un viajero LGBTQ+ “tipo”, la ventaja regulatoria corre el riesgo de no traducirse en la confianza real que el viajero de 2026 -cada vez más cauto, más informado y más dispuesto a investigar antes de reservar- está exigiendo.
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