Los números asustan: 105 aviones en tierra, 600 mil clientes afectados, 22 mil puestos de trabajo perdidos y una deuda de £ 1.000 millones. Este es el resultado de la caída de Thomas Cook, firma creada en 1841 en Gran Bretaña que en los últimos diez años fue acumulando un déficit que fue imposible sanear.
La quiebra del grupo se produjo tras no encontrar el capital que le pedían sus acreedores para suscribir un plan de reestructuración. Su principal accionista, el conglomerado chino Fosun, iba a aportar £ 900 millones, pero se necesitaban £ 200 millones más que nunca llegaron.
La caída no sorprendió a los especialistas, ya que los últimos 10 años de operaciones de Thomas Cook fueron para el olvido. Inversiones fallidas, como la adquisición de la agencia tradicional MyTravel en pleno apogeo de las ventas online, el descenso de tráfico ante las incertidumbres del Brexit y la devaluación de la libra fueron factores que le jugaron en contra.
Por otra parte, los efectos colaterales de la quiebra son tan inquietantes como el problema mismo. En España, por ejemplo, cientos de hoteles se enfrentan al fantasma del cierre. Según Juan Molas, presidente de la entidad que defiende los intereses de esa actividad, “500 van a cerrar de forma inmediata y la situación puede empeorar si el Ejecutivo no toma medidas de forma inmediata”.
Y no es para menos: un centenar de propiedades dependían exclusivamente de la operadora, cuya deuda en esa nación supera holgadamente los € 200 millones. Los destinos más afectados son las islas Canarias y Baleares, con un 40% de sus hoteles afectados.
Para el gobierno británico, que se negó a salvar al grupo, la factura es de unos £ 200 millones (la misma cifra que requería el rescate) en concepto de gastos de repatriación de los 150 mil clientes de ese origen varados por el mundo. La mayor operación de ese tipo después de la Segunda Guerra Mundial.
Sin embargo, como suele suceder en el mundo de los negocios, la bancarrota del gigante británico encuentra grandes beneficiarios. La low-cost easyJet, por caso, ante la oportunidad de ganar clientes, y por iguales razones el turoperador alemán Tui, otrora principal competidor. También los fondos de alto riesgo como Sona Asset Management y Xaia Investment, que podrían embolsar unos € 227 millones al apostar contra Thomas Cook en CDS (Credit Default Swap), una suerte de seguro que brinda ganancias en caso de bancarrota a cambio de un elevado pago.
“Business is Business” diría un analista, emociones aparte.

