En Montevideo, a diferencia de la gran mayoría de las ciudades capitales del mundo, se respira cierto aire pueblerino que invita a recorrerla sin prisa, disfrutando de la arquitectura colonial que todavía se conserva en la Ciudad Vieja, de sus vistas panorámicas al “río más ancho del mundo”, de su variada gastronomía y de sus ferias y mercados, entre otros motivos de interés turístico.
Con cerca de 1,3 millones de habitantes, la urbe se levanta en la zona más meridional del país y es la sede del Mercosur y de la Aladi (Asociación Latinoamericana de Integración).
1 .Teatro Solís
La principal sala lírica de Montevideo, inaugurada el 25 de agosto de 1856 con una representación de la ópera “Ernani” de Verdi, experimentó en su historia varias reformas. La última y más importante tuvo lugar en 1998, cuando cerró sus puertas hasta agosto de 2004. Las mejoras incluyeron la construcción de un nuevo escenario, de 748 m2, un 80% más grande que el anterior, y su reequipamiento con los últimos adelantos en tecnología. Este inmueble histórico es el hogar de los “elencos residentes” de la Comedia Nacional y de la Orquesta Filarmónica de Montevideo.
Situado en la Ciudad Vieja, en Reconquista y Bartolomé Mitre, en el Teatro Solís se ofrecen de visitas guiadas de martes a domingos, en distintos horarios e idiomas (español, portugués e inglés) a razón de UYU 90 por persona.
2. Feria de Tristán Narvaja
Un clásico de los domingos, que en octubre cumplirá 110 años de vida y cuyos orígenes se remontan a la venta de frutas y verduras. Con el correr del tiempo se fue diversificando y hoy despliega –con calor, frío y hasta lluvia– los más variados elementos, desde antigüedades, muebles, discos y libros usados, hasta mascotas, plantas, alimentos, ropa y más, mucho más. Comienza a las 9 y se extiende hasta media tarde sobre la calle homónima, desde su intersección con la Av. 18 de Julio, ocupando siete cuadras que suelen incluir algunas arterias laterales.
Según The New York Times, es “uno de los mercados callejeros más pintorescos que uno puede encontrar”. Suele convocar a muchos visitantes extranjeros que buscan objetos raros de decoración.
3. Palacio Salvo
En rigor, no es un palacio sino un edificio creado por el arquitecto italiano Mario Palanti como un hotel de lujo que nunca llegó a funcionar como tal. Inaugurado en 1928 frente a la plaza Independencia, llama la atención por su mezcla de estilos, con reminiscencias góticas y algunos toques neoclásicos. Consta de 350 unidades, entre apartamentos y oficinas, dispuestas en un cuerpo central de 10 niveles y una torre lateral que sobresale 15 pisos más. Para su construcción se utilizaron mármoles y granitos nacionales y alemanes, así como roble floreado de Eslovenia en toda la carpintería. Del otro lado del Río de la Plata, en Buenos Aires, Palanti hizo un edificio similar, aunque más pequeño, el Palacio Barolo.
Los martes, jueves y sábados se ofrecen visitas guiadas a las 15, 16, 17 y 18 hs. (UYU 200). En el piso 24 hay un mirador de acceso gratuito.
4. Mercado del Puerto
En la Ciudad Vieja, bajo una estructura de hierro forjado que recuerda a las típicas estaciones de ferrocarril europeas, un mercado de comestibles fundado hace más de 130 años terminó cediendo su espacio a una plaza de comidas de atmósfera informal, punto de encuentro de infinidad de visitantes, tanto nativos como extranjeros.
Con 14 restaurantes (abundan las parrillas con mesas en la vereda), el espacio cobra una particular efervescencia los sábados, cuando llegan músicos, mimos, dibujantes y artesanos, entre otros personajes propios del lugar. La tradición indica brindar con un “medio y medio”, un trago refrescante preparado con media copa de vino blanco y media de espumante.
Muy cerca funciona el Mercado de los Artesanos, un buen lugar para encontrar productos artesanales de calidad de manufactura local.
5. Historia y cultura
La Ciudad Vieja atesora dos interesantes museos. Uno es el Museo Histórico Nacional, instalado en la Casa Rivera, residencia neoclásica construida en 1892 donde vivió Frucutoso Rivera, el primer presidente del país. Contiene una valiosa colección de cuadros, documentos, muebles y otros elementos vinculados con el pasado del país, destacándose la primera edición de la Constitución de la República. En Rincón 431, en la Ciudad Vieja.
Por otra parte, en el Palacio Taranco, sede del Museo de Artes Decorativas, se exhiben pinturas, esculturas y porcelanas antiguas de artistas europeos. El subsuelo está dedicado a arqueología clásica y musulmana. El inmueble fue proyectado por los arquitectos franceses Girault y Chifflot (autores del Arco del Triunfo, en París, entre otras destacadas obras) como residencia familiar. En 25 de Mayo 376.
6. Pocitos
Según cuenta la leyenda, su nombre remite a una costumbre del pasado, cuando las lavanderas debían excavar pequeños hoyos (“pocitos”) en la arena para obtener agua dulce. Hoy, es uno de los barrios más distinguidos de la capital uruguaya, caracterizado por el amplio arco que dibuja la rambla costanera, con su “pared” de modernos edificios de cara a la playa, al más puro estilo Copacabana. Pocitos alberga además al primer centro comercial de la urbe, el Montevideo Shopping Center, calificados restaurantes y mucho verde en sus numerosos parques y plazas.
Sobresalen algunos edificios de gran valor arquitectónico, como la Casa Darnaud (1927), sede de la Embajada Rusa, y la Casa Towers (1913), hogar de la Embajada de Italia. Además, el barrio atesora varias edificaciones declaradas patrimonio histórico nacional.
7. Gastronomía
El plato típico uruguayo por excelencia es el “chivito”, un singular sándwich de carne vacuna cortada en finas lonjas con jamón, queso, panceta, cebolla y huevo a la plancha, entre otros complementos. La versión “canadiense” llega acompañada con ensalada rusa y una montaña de papas fritas. Los lugares para poder degustarlo se cuentan de a cientos y el camino hacia un par de exponentes que no defrauden conduce a La Vitamínica (Nuevo Llamas 2864) y a Bar Arocena (sobre la avenida homónima, en el barrio de Carrasco).
La culinaria gourmet, en tanto, alcanza uno de sus picos más altos en Baco Vino y Bistró, en Punta Carretas, restaurante especializado en platos internacionales de acento mediterráneo, de cuidada ambientación donde sobresale una surtida cava a la vista.
8. Bares
Un verdadero tesoro urbano son sus añejos bares, un lazo entre el pasado y el presente, espacios donde los lugareños se reúnen para contar y escuchar historias en torno a “algo para tomar y comer”. En la lista de imperdibles figuran en los primeros lugares el Café Bacacay, frente al Teatro Solís, todo un ejemplo de reciclaje bien entendido y punto de referencia de la movida montevideana; el Fun-Fun (Ciudadela 1229), fundado en 1895 y célebre por la creación de la “uvita”, un trago dulzón que se sirve en pequeñas copas, cuya fórmula se mantiene en riguroso secreto; y el Café Tabaré (Zorilla de San Martín 152), un boliche típico donde cantaron Carlos Gardel, Alfredo Zitarrosa y, mucho más cerca en el tiempo, Caetano Veloso y Café Tacuba.
Para un rico brunch dominical, la clave es Sometimes Sunday, una cafetería de ambiente minimalista que abrió sus puertas en diciembre de 2018 sobre la peatonal Pérez Castellano, en la Ciudad Vieja.
9. Compras
Los artículos más buscados por el visitante internacional son aquellos elaborados con cuero, las prendas de vestir de lana y otras fibras naturales, y las piedras semipreciosas, como amatistas y ágatas. Una opción para apoyar el comercio justo es acudir a cualquiera de las cuatro tiendas que en Montevideo opera manos del Manos del Uruguay, una ONG que desde 1968 brinda ayuda a cerca de mil artesanos (mayoritariamente mujeres) esparcidos por todo el país, donde es posible encontrar finos elementos de indumentaria y decoración.
El Mercado de los Artesanos, en plaza Cagancha, es otra alternativa a tener en cuenta. En sus dos locaciones urbanas, más de 300 talleres despliegan productos textiles, cerámicas, joyería y cestería.
10. Carnaval
En Montevideo, esta celebración no sigue los dictados del calendario sino sus orígenes, que se remontan al pasado colonial, a los tiempos de la esclavitud, cuando la población negra cantaba y bailaba al ritmo de los tamboriles. Un carnaval de mirada y oídos atentos, porque casi todo ocurre arriba de un tablado (escenarios montados en clubes de barrio o al aire libre) o en el Teatro de Verano, en el Parque Rodó. Imposible sustraerse a la emoción que desatan los coros fantásticos, los trajes coloridos de seda o de raso, los maquillajes fantasmales.
El Museo del Carnaval (Rambla 25 de Agosto de 1825, N° 218) conserva, exhibe, difunde y pone en valor elementos y tradiciones que forman parte de esta, la máxima fiesta popular uruguaya.
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