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Una velada especial en La Bourgogne

Fue uno de los mejores regalos de cumpleaños que recibí aquel 26 de noviembre del año pasado: una cena en el restaurante La Bourgogne, el mejor exponente de la cocina francesa en Buenos Aires, que perdura como un espacio de excelencia, sin ceder a los embates de la nueva gastronomía.
En La Bourgogne uno se siente, aunque sea por unas horas, parte de una corte real. A nuestro servicio hay cuatro o cinco personas (la recepcionista, el maitre, el sommelier, mozos que toman el pedido, que retiran los platos, que recomiendan qué comer... que están sin intimidar, para que todo salga de maravillas).
El piano sonando de fondo, con melodías suaves, sin alterar la velada, despliega sutilmente algunos acordes que maridan perfecto con el ambiente. Las voces extranjeras se diluyen con las del brindis de un matrimonio que celebra su aniversario. Un poco más allá, a resguardo de los paparazzis, Marcela Tinayre disfruta de la cena con su marido.
Nos invitan con una copa mientras elegimos los platos y luego un appetizer, que constituye un excelente preámbulo de lo que vendrá después, todas creaciones del eximio Grand Chef Relais & Chateaux Jean Paul Bondoux.
Aquí no hay lugar para las nuevas convenciones que fija la sociedad posmoderna: eso de "pagamos a medias" no tiene razón de ser. Así, el menú de la dama no incluye la columna de la derecha. El signo pesos sólo figura en el menú del caballero, quien también recibe la muy extensa carta de vinos, con más de 20 páginas de las más variadas etiquetas y con algunas excentricidades como uno cuyo valor ronda los $ 16 mil.
Menos mal que salteé el primer plato y fui directo a la "Silla de cordero cocida en pan de aceituna con hierbas de Provence-Ratatouille de verduras y panisses". Porque después del appetizer me sirvieron unas galletas algo rústicas para untar con una manteca de salmón presentada en la tapa de un caracol rosado, más tarde el mozo nos dio a elegir entre una docena de panes que asomaban de un canasto, luego nos acercaron una mesa entera con los más diversos quesos -bien a la usanza francesa- que acompañamos con uvas sumergidas en una compotera con hielo, más vinos y licores, un postre de excelencia bien a La Bourgogne, una fuente con miniaturas de tortas, masas, café... Una velada perfecta que culminó al marcar las 24, como un hechizo que llegó a su fin, tras brindar con un auténtico champán francés.

FUENTE: una-velada-especial-en-la-bourgogne

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