Un viejo refrán afirma que las segundas partes nunca fueron buenas. Y respecto del Congreso Internacional de Turismo, que se concretó el mes pasado en el Sheraton Buenos Aires Hotel & Convention Center, la máxima es acertada. Hace once años, cuando se realizó el XVI Congreso Argentino de Turismo, en 1999, la CAT dio por cerrado un ciclo. Por ese entonces, el evento tenía una clara finalidad política, quizás hasta más que técnica. Se hablaba de tendencias y previsiones, pero fundamentalmente se le planteaba a las autoridades de turno, nacionales o locales, cuáles eran las necesidades del sector. Y curiosamente esos encuentros tenían más repercusión entre los políticos de la que tuvo en mucho tiempo la FIT. Fue común durante esa primera edad la presencia de jefes de gobierno porteño, candidatos a presidente y hasta primeros mandatarios, ocupando los estrados para escuchar las opiniones y consideraciones del empresariado del sector.
Este nuevo comienzo, esta segunda parte, nació en principio con varias promesas. "La idea es instaurar nuevamente esta gimnasia de reunirse para el intercambio de experiencias", explicaba hace pocas semanas Fernando Gorbarán, presidente de la AOCA y miembro de la Comisión Directiva de la CAT. Poco hubo de eso. También se dijo informalmente que la idea era armar un encuentro-vidriera para mostrar lo que era la actividad hacia el exterior del sector. Pero nadie le avisó al resto de la sociedad que el evento tendría lugar, ni los medios se hicieron eco de lo sucedido.
También algunos se ilusionaban con volver a fijar una agenda ambiciosa del sector. Y el resultado fue una etérea manifestación de intenciones bajo el pretencioso mote de "Declaración del Sector Turístico de la República Argentina".
Fallido retorno de los congresos de la CAT
En su vuelta a escena el evento que debiera mostrar un sector privado fuerte y unido quedó a mitad de camino de todo: medio técnico, medio político, medio vacío... Hasta el representante de la OMT se mostró extrañado por la falta de una voz común del empresariado local.
LO QUE FUE.
El congreso se conformó de una serie de presentaciones sobre diversos temas, con dispar grado de utilidad. Algunas, de hecho, parecían casi como meras reflexiones sobre algunas problemáticas más o menos comunes a todo el sector (la de las empresas familiares, por ejemplo). La OMT, por su parte, emplazó los cañones de sus estadísticas, por citar otro ejemplo, pero barajó continuamente información que viene siendo difundida desde hace meses y que, por lo general, ya se conocía. Y el final a toda orquesta con Ángel Mahler sorprendió a muchos y generó el goce de la platea, pero realmente tuvo muy poco de útil (definitivamente un director de orquesta no puede compararse con un empresario; así como un periodista no es un escritor; ni un pintor de paredes un muralista).
REPASO DE AUSENCIAS.
El sector no fue capaz de llevar al temario general del encuentro sus principales problemáticas, aquellas que curiosamente sí se escuchan en los pasillos o cuando los congresos corresponden a la Aaavyt, a la Fehgra o a la AOCA.
La multiplicidad confusa de propuestas que compuso el programa indudablemente fue la base para que el auditorio permaneciera, casi continuamente, con una asistencia promedio que no pudo llenar la mitad del auditorio (250 sillas), ni despertó inquietudes a la hora de las preguntas por parte de una platea muda. Como ya es habitual buena parte de los asientos fueron ocupados por estudiantes (a estas alturas posicionado ya como el público más fiel del sector, en todos sus encuentros) y otro porcentaje le correspondió a los dirigentes empresarios y algunos funcionarios. Con la salvedad de que ni siquiera fue posible ver, la mayor parte del tiempo, a la plana mayor de las entidades que conforman la Cámara. Sólo de a ratos aparecían dirigentes en solitario. Tamaña falta de convocatoria para un sector económico que, paradójicamente, es mucho más dinámico y grande de lo que era durante los congresos de la vieja etapa, sorprende.
Todo evento necesita una etapa de maduración y el congreso no es la excepción: debe volver a posicionarse y encontrar su espacio. Sin embargo, todo lo que falló es lo que curiosamente parece más difícil de enmendar. Ni horarios, ni comodidad en los espacios, ni fallas del equipo técnico, nada de eso: lo que no estuvo a la altura de las circunstancias fue la agenda temática y la convocatoria.
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