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El sargazo, una alerta contra el cambio climático

La invasión de algas que recibió el Caribe durante la última temporada de verano alcanzó niveles de desastre ecológico. Otro llamado de atención sobre la fragilidad del planeta y su necesaria sustentabilidad. 

El mar de los Sargazos es un sector del océano Atlántico norte de corrientes circundantes que abarca unos 3,5 millones de km², recibe muy poco viento y sobresale por una gran abundancia de plancton y algas. Fue descubierto por Cristóbal Colon en su primer viaje a América y los microorganismos que le dan nombre constituyen un valioso ecosistema que, entre otros atributos, brinda refugio y alimento a una rica fauna marina. Un mar en el medio de la nada, olvidado, presente hasta 2011 solo en los libros de geografía. Las alarmas se dispararon cuando diversos destinos del Caribe comenzaron a recibir desde tan remoto destino una afluencia de algas superior a lo habitual. Y en 2019 el volumen superó todas las previsiones. De hecho, los organismos marinos se apropiaron de manera tal de muchas playas que, cubriendo las arenas y con desagradables olores, ahuyentaron al turismo. Como es sabido, en Cancún y la Riviera Maya la baja ocupación de los hoteles alcanzó niveles inéditos, causando cuantiosas pérdidas económicas.

Los números asustan: la invasión afectó a más de 70 especies marinas y obligó a una millonaria inversión para retirar de las playas más de 520 mil toneladas de algas.

El problema es que el sargazo crece muy rápido. En menos de 20 días, en condiciones favorables, puede duplicar su biomasa.

Para no variar, este mal se origina en la acción humana. El aumento en la temperatura de las aguas, debido al cambio climático, favorece su reproducción, mientras que las modificaciones en las corrientes marinas, producto del derretimiento de polos y glaciares, producen la llegada de mayor cantidad de algas a las costas. Las descargas de aguas residuales en los mares y el empleo de agroquímicos en la agricultura, que transportan nutrientes a estos organismos, también hacen lo suyo.

Además, las algas erosionan las playas, cambian la calidad del agua y su descomposición es una amenaza para la salud humana por el alto contenido de arsénico y metales pesados que contienen.

"Es necesario un cambio radical en la política energética de los países, con una disminución en uso de combustibles fósiles y una apuesta ambiciosa por las energías renovables", sostiene Aleira Lara, directora de Campañas de Greenpeace México.

El Plan de Atención al Sargazo del país azteca busca evitar que las algas lleguen a las playas a través de estudios oceanográficos que indiquen sus probables trayectorias para instalar barreras de contención. Un costoso método, cuya eficacia no está comprobada y que no detendrá las causas del mal.

La verdadera solución pasa por la sustentabilidad. Por una administración eficiente y racional de los recursos naturales por parte de todo el planeta. Conciencia ecológica, en síntesis.