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Otra vez cepo

La definición de un plazo máximo de cinco días para liquidar los cobros en moneda extranjera y la pesificación de los pagos puso a los operadores receptivos al borde de un ataque de nervios. Advierten que la oleada de medidas cambiarias del Banco Central deja a las agencias sin margen y podría generar una reacción en cadena que tendría como desenlace una pérdida de competitividad del destino.

Las urgencias y la improvisación en el Reino del Revés hicieron que un cepo cambiario ensayado para evitar que se vayan los dólares que escasean se convierta en una medida que, tal como está redactada, atenta contra el sector que ingresa divisas. No es que el segmento emisivo haya salido indemne (ver recuadro), pero es en el receptivo internacional donde la nueva oleada de resoluciones adoptadas la semana pasada por el Banco Central (BCRA) generará una reacción en cadena, que -de no abortarse a tiempo- tendrá como desenlace una pérdida de competitividad del destino.

 

LA GÉNESIS.

El origen de la secuencia está en la reinstalación de la obligación de ingresar y negociar divisas por exportaciones (el Central considera al turismo receptivo como tal). Más precisamente en la definición de un plazo máximo de cinco días hábiles para liquidar las cobranzas en moneda extranjera, hayan sido acreditadas en cuentas en el país, el exterior o en efectivo.

Por sí solo eso ya es un cambio importante en la operatoria, pero la reacción en cadena se empieza a desatar cuando a eso se le suma el hecho de que, paralelamente, se prohibió el acceso a divisas para el pago de deudas y otras operaciones entre empresas y residentes en Argentina, los cuales tampoco pueden comprar dólares oficiales para atesoramiento. O sea, el mercado local queda pesificado de principio a fin.

¿Por qué eso habría de importarle a un operador receptivo? Básicamente, porque en menos de una semana los dólares que reciben en sus cuentas por parte de los clientes en el exterior deben ser convertidos automáticamente en pesos, con los cuales están obligados a asumir sus compromisos con los prestadores/proveedores locales.

Para hacerlo más gráfico, el operador recibe dólares, el Banco Central se los convierte en pesos al tipo de cambio comprador (o sea, el más bajo) y con ellos debe hacer frente a los convenios firmados con los hoteles locales en dólares y al tipo de cambio vendedor (el más alto) del día. Más sencillo aún: la agencia debería asumir el costo del spread cambiario (diferencia entre el precio de compra y el de venta), que hoy es del 10%. Más o menos el mismo porcentaje del margen con el cual hoy trabajan. O sea, en el mejor de los casos, la ganancia por cada operación se recortaría un 2%.

Pero eso no es lo peor. En el Reino del Revés los resultados de unas elecciones internas de candidatos a la presidencia pueden provocar que el dólar salte un 25% en solo un día. Con lo cual estar posicionado en pesos es el más extremo de los deportes. Esa adrenalina es la que el Banco Central les invita a sentir a los operadores receptivos cuando les da pesos por los cobros en dólares y les cierra la puerta a buscar refugio en monedas más confiables mientras esperan los 45 a 60 días desde que se recibe el cobro en el exterior hasta que se concreta el pago al prestador local. Y, como aclara la autoridad monetaria, las opciones son aceptar esas condiciones o quedar expuestos al poco amable Régimen Penal Cambiario.

La experiencia esta semana no tuvo nada de risueña para los receptivos. “Habíamos ingresado un monto del exterior y no nos lo liquidaban. Nos retuvieron los dólares y de la única manera que nos lo pagaban era con una declaración jurada donde autorizábamos a que nos los pasaran a la cuenta en pesos al tipo de cambio comprador”, contó María Inés Casavilla, socia gerente de Maian Viajes, quien amplió la descripción de la tensa semana en los bancos porteños: “Incluso me amenazaron que si no la firmaba le iban a girar la plata de vuelta al cliente que me había hecho el depósito”.

El asesor impositivo de la Faevyt, Pascual Barbieri, reconoció que “hoy el problema es saber si al obligarte a vender en un plazo tan perentorio no terminan haciendo que la operación vaya a pérdida”.

 

PARA ALQUILAR BALCONES.

Al cierre de esta edición un dirigente de la Faevyt dijo que estaban ultimando una presentación ante el Banco Central. Lo urgentísimo es aclarar qué pasa con las cobranzas no liquidadas antes del 1º de septiembre. Es decir, si se rigen por la normativa anterior (lo cual extiende el plazo) o si -como apuran los bancos- tienen la obligación de liquidar inmediatamente.

De máxima, en la Faevyt no descartan un cambio de encuadre del turismo receptivo y lograr que sea excluido de lo dispuesto por el decreto de la semana pasada. La clave sería que la actividad deje de ser considerada una exportación de servicios. Y el argumento es el provisto por otro organismo del Reino del Revés, la AFIP, que en el decreto 1.201 de 2018 considera que el turismo receptivo no es una exportación de servicios ya que la utilización efectiva del mismo no se realiza en el exterior. Además, los que sí lo son emiten como comprobante fiscal las Facturas E, mientras que la actividad turística utiliza facturas T.

Al margen de los canales formales, será en el Coliseo comercial donde se defina la adaptación del mercado receptivo a las nuevas reglas del Reino del Revés. Los primeros que deberán verse las caras frente a frente son los hoteleros y los operadores receptivos locales. La larga agenda en la renegociación de los convenios deberá definir qué pasa con el spread cambiario. Para las agencias no hay motivo alguno para que los alojamientos sigan tomando el tipo de cambio vendedor.

Más complejo aún será la definición de una ingeniería para mitigar el riesgo que ahora quedaría concentrado en los operadores locales. A reglas cambiarias nuevas, nuevos roles en la negociación comercial y nuevo sujeto de crédito en la cadena. Una vez más las habilidades en el negocio financiero vuelven a cotizar en alza para los vendedores de turismo.

 

EL TIRO POR LA CULATA.

Hasta este punto el nuevo escenario no pareciera tener impacto alguno en la oferta y demanda del destino. Pero lo cierto es que sí podría llegar a tenerlo, y lo que estaría en juego es nada más ni nada menos que una porción de la recuperada competitividad del destino.

Tal como estaba el panorama al cierre de esta edición, los operadores consultados unánimemente dijeron que no podían absorber el spread cambiario y que en última instancia no habría otra salida que corregir a la suba los tarifarios. “Estamos haciendo todos los análisis pertinentes para ver cómo nos afecta esta situación. Pero esto probablemente decante en un aumento de precios que, obviamente, afectará a la competitividad del destino. Tal vez no a cortísimo plazo, pero sí se a empezar a sentir en algún momento de la temporada”, anticipó Martín Zanone, director general de Eurotur.

Del mismo modo, la socia de Maian Viajes se lamentó: “Si no se resuelve, no va a quedar otra que trasladarlo. No creo que sea la solución, pero no podemos trabajar gratis”. Casavilla definió la situación como muy grave:

“Ahora que estamos intentando llegar de nuevo al mundo y vender como se debe, vamos a tener que subir las tarifas para compensar”.

Pero en el Reino del Revés, el titular del Banco Central, Guido Sandleris, no paró en toda la semana de repetir que las medidas “no afectan el normal funcionamiento del comercio exterior y tampoco introducen ninguna restricción a los viajes”.

 
El emisivo salió mejor parado

Tampoco fue una semana fácil para los operadores emisivos. Las transferencias estuvieron retenidas durante días y se vivieron horas de anarquía en cuanto a los datos que cada banco se creía en condiciones de solicitar para destrabarlas. Pero, al menos por ahora, normativamente el emisivo salió mejor parado que el receptivo: el único cambio es que se reestableció el requisito de boleto de compra-venta de cambio, que viene de la mano del retorno de las DDJJ.

De todos modos, “también en el emisivo se pueden producir pérdidas, porque la demora en efectivizar las transferencias es un riesgo. Sobre todo cuando se manejan grandes volúmenes, no hay celeridad de cambio y, encima, no se puede comprar divisas para resguardarse”, analizó Barbieri.