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La devaluación golpea sobre golpeado a las empresas de viajes

Cuando parecía que el emisivo había tocado piso y sólo quedaba empezar a subir, la devaluación arrastró las ventas otra vez al subsuelo e hirió las perspectivas a futuro. En lo inmediato, hay inquietud por la salud financiera de las empresas, luego de que muchas hayan perdido sumas importantes con la disparada del dólar.

Otra vez la perinola de la economía de este país fue implacable para las agencias de turismo y la semana pasada sentenció: TODOS PIERDEN. La época en la que el trompo caía en la cara de TOMA TODO es apenas un recuerdo para las emisivas internacionales. A fuerza de devaluaciones (y su hermana inflación) las empresas comercializadoras de viajes se fueron acostumbrando a la realidad de que el mercado se achicó y por un tiempo largo habrá que aceptar un ajuste del cinturón a tono con la caída del 35% al 40% del volumen de argentinos viajando al exterior.

Pero la suba del 30% del dólar de la semana pasada volvió a sacudir la modorra y a mostrar que siempre se puede estar peor. “No me llaman ni para putearme”, responde jocoso un operador que dice que tiene todo el tiempo del mundo para atender a la entrevista.

De todos modos, el hecho de que otra vez se haya secado la demanda es solo uno de los problemas que dejó la semana negra posPASO. La preocupación es que, cuando parecía que se había tocado el piso y sólo quedaba empezar a subir, otra vez se perforó el subsuelo y las perspectivas a futuro (sobre todo pensando en el verano) volvieron a opacarse. Y la frutilla ácida del postre es la inquietud que hay sobre la salud financiera de las empresas, luego de que muchas hayan perdido sumas millonarias en pesos tras la devaluación.

 

DE MAL EN PEOR.

La sostenida debilidad del emisivo argentino ya lleva un año interrumpido de caídas en las ventas. El derrumbe es generalizado (no diferenció entre grandes y chicos), continuado y -fundamentalmente- muy profundo: en el período enero-junio de 2019 el volumen en dólares de las ventas de tickets aéreos internacionales a través de agencias se desplomó un 40% respecto al mismo período de 2018.

Sin embargo, hasta el lunes pasado todos confiaban en que la desaceleración observada en junio y julio auguraba una segunda parte del año con algún signo vital de recuperación, incluso un lento retorno de la financiación.

La devaluación se encargó de barrer con esa ilusión y congelar la demanda. “Se frenó bastante. Los primeros días prácticamente la venta se cayó el 100%, a lo que se sumó la histeria de los que querían cancelar”, reflejó el presidente de la Asociación de Operadores (Aaovyt), José González. En el mismo sentido, el vocal y extitular de la entidad, Alberto Crupnicoff, dijo que si bien para su sorpresa la venta no fue cero, “estamos con valores muy bajos. Hay un achicamiento del mercado al cual nos vamos a tener que acostumbrar por un período bastante largo de tiempo”.

A la amargura de ver que los teléfonos se quedaron mudos, se suma la desilusión por la recuperación abortada antes de nacer. “Nos habíamos recompuesto un poco del bajón, sobre todo en base a promociones y cuotas sin intereses. Se había empezado a consultar muchísimo de cara a la temporada alta. Eso se frenó y ahora todo lo veo más complejo. Es un momento para pisar la pelota y ver cómo se acomoda la cosa”, analizó González.

Tampoco Crupnicoff es optimista de que el mercado se recupere rápidamente: “Hay que prepararse para una temporada complicada. El momento de venta es ahora para el vacacional y no creo que la gente tome decisiones antes de las elecciones de octubre. Estamos en una situación de altísima incertidumbre y con una reducción de mercado inexorable”.

 

LO QUE MATA ES LA INCERTIDUMBRE.

No es la humedad, es la incertidumbre lo que más empaña las expectativas de todos los operadores. “Lo más complicado para el verano es la incertidumbre. No sabés como va a estar el dólar ni el bolsillo de la gente. Es lo peor que nos puede pasar”, expresó el titular de la Faevyt, Gustavo Hani.

Es que la incertidumbre no sólo paraliza las ventas, sino que también impide planificar e invertir. “Si yo quisiera pensar en un chárter para la temporada ya tendría que estar moviéndome, pero quién va a ser tan loco como para hoy ponerse a pensar en eso”, graficó González, que dijo que por lo pronto los operadores están atinando a hablar con las aerolíneas “para ver qué promociones podemos sacar, porque ellos van a tener que llenar sus aviones y nosotros abrir las puertas, pero si no hay una herramienta mínima… alguien va a tener que ceder”.

El otro aliado de la comercialización turística que huyó justo cuando empezaba a insinuarse fue la financiación. Las cuotas desaparecieron. “Con tasas referenciales de entre el 60% y el 75% es imposible pensar en valores de financiación que tengan racionabilidad suficiente como para que el mercado reaccione. Hoy no hay financiación, ni tampoco creo que vaya ha haberla en el corto plazo. Tampoco reactivación. No hay ninguna razón como para pensar que en el corto plazo el mercado se va a expandir”, examinó Crupnicoff.

 

EL PARTE SANITARIO.

Al panorama descripto hay que sumarle que no pocos operadores amanecieron el lunes con pesos cobrados cuando el dólar estaba a $ 46 y que tuvieron que empezar a transferir a $ 60 a sus prestadores en el exterior. En algunos casos las diferencias se contaban en millones de los devaluados pesos.

Con la fatiga de un año de crisis encima, pocos pueden darse esos “lujos”. Con lo cual, volvió de golpe el fantasma del cierre de empresas en un mercado que parecía saneado. “Hay un run run en ese sentido. Se está viendo el achique de algunas empresas y hay comentarios de algunos que dicen que a este ritmo no va a quedar otra que cerrar”, reveló González.

“El mercado estaba tranquilo y saneado. Ahora no se qué pasará. Pero es verdad que para algunos -nosotros no lo hicimos- era muy atractivo colocarse en pesos para aprovechar tasas como las que teníamos hasta el viernes frente a un valor del dólar que crecía con una cierta previsión. Pero ahora están en problemas porque tienen su pasivo operativo en dólares”, analizó Crupnicoff.

La preocupación es tan real como que en la Faevyt prendieron las alarmas. “Estamos monitoreando todo, viendo el Nosis y hablando con operadores. Es un tema que nos inquieta”, señaló su presidente, quien dijo que -por ahora y solo por ahora- no hay ninguna emergencia inminente: “Si bien es cierto que todos están preocupados y muchos han perdido plata con esta devaluación, hoy todavía no hay nadie que haya manifestado alguna imposibilidad de asumir compromisos”.

 
Daños colaterales

Si bien el turismo interno no venía deslumbrando por su evolución, por lo menos se encontraba en una situación más estable que la del emisivo.

Pero las esquirlas de la devaluación e incertidumbre también pusieron en duda el futuro a corto plazo.

Por un lado, como dice Hani, no se sabe que va a pasar con el bolsillo de la gente y si podrá recuperarse a tiempo del agujero que se le propinó el lunes pasado.

Por otra parte, lo cierto es que también la oferta está paralizada: no hay precio. “Ni siquiera podemos planificar turismo interno porque nadie quiere hablar de tarifas, ni de nada. No hay tarifas y para adelante menos aún. Se conversa día a día, pero de la temporada ni hablar”, confesó González.