Información para Profesionales de Turismo
Texto
Nota de tapa
TURISMO Y ECONOMÍA NARANJA. ¿Un matrimonio forzado?

Con la llegada de Iván Duque Márquez a la presidencia de Colombia, la “economía naranja” se ha posicionado como una de las grandes apuestas estratégicas del Gobierno Nacional, y el turismo no ha sido ajeno a ello. Sin embargo, en el sector no hay claridad sobre los límites y alcances de la estrategia, más allá de una nueva etiqueta en donde parece caber todo el universo cultural. ¿Existe acaso algo llamado “turismo naranja”?

La primera claridad tiene que ver con el color: al parecer el naranja suele asociarse con cultura, creatividad e identidad. Así lo explican Felipe Buitrago e Iván Duque en el libro “Economía Naranja: una oportunidad infinita”, una peculiar publicación del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) que en 2013 le puso color y visibilidad a lo que el mundo conocía desde hace varios años como “economía creativa”. El libro, de hecho, es para consultarse en la web y puede ser descargado fácilmente con un simple clic.

¿Qué es la economía naranja o economía creativa? La definición establecida en el mencionado libro es la siguiente: “Es el conjunto de actividades que de manera encadenada permiten que las ideas se transformen en bienes y servicios culturales, cuyo valor está determinado por su contenido de propiedad intelectual”.

Puede decirse además que “es aquella que genera riqueza a partir de la propiedad intelectual como materia prima”, o que “es el conjunto de actividades humanas que se fundamentan en el talento y se protegen por el derecho de autor”, o que es “un motor de desarrollo basado en el talento de la gente y en la riqueza del patrimonio cultural de la humanidad” o “toda actividad que desarrolla el talento creativo con fines comerciales”.

 

UNA MIRADA AL UNIVERSO NARANJA.

Las definiciones varían de forma, pero todas mantienen su carácter amplio e indeterminado. Se trata, en términos generales, de un proyecto económico impulsado por el BID que agrupa, bajo la sombrilla naranja, a sectores muy disimiles entre sí, y que Duque y Buitrago ordenaron bajo tres categorías.

La primera son las “Industrias Culturales Convencionales”, en donde se cuentan el sector editorial (libros, periódicos, revistas, gráfica e impresión, edición, literatura y librerías); la industria audiovisual (cine, televisión y video); y la industria fonográfica (radio y música grabada).

La segunda gran categoría es “Creaciones Funcionales, Nuevos Medios y Software”. Allí se incluye el diseño, tanto el de interiores como el industrial, además de artes gráficas e ilustración, joyería y juguetes. Por supuesto, el software de contenidos, desde los videojuegos hasta medios de soporte para contenidos digitales, además de la publicidad.

En tercer lugar aparece “Artes y patrimonio”, en donde el contenido no es menos amplio: artes visuales (pintura, escultura, video arte, performance, fotografía y moda-alta costura); artes escénicas y espectáculos (teatro, danza, marionetas, orquestas, ópera, zarzuela, conciertos, circos y moda-pasarela); y, cómo no, Turismo y patrimonio cultural material e inmaterial.

En esta subcategoría, en donde aparece por primera vez la palabra “turismo”, los autores incluyeron los siguientes elementos: artesanías, antigüedades, laudería (fabricación de instrumentos musicales de cuerda), gastronomía; museos, galerías, archivos y bibliotecas; arquitectura y restauración; parques naturales y ecoturismo; monumentos, sitios arqueológicos, centros históricos; conocimientos tradicionales, festivales y carnavales.

¿Algo nuevo bajo el sol? Además de la abrumadora diversidad de sectores incluidos, en materia de turismo la visión parece ser, en realidad, la del viejo conocido “turismo cultural” y toda su diversidad de manifestaciones.

 

MANDATO NARANJA.

Sin embargo, no es el único escenario en donde el sector de viajes y turismo aparece relacionado con la economía naranja. En 2017 el entonces senador Iván Duque lideró el trámite de la Ley 1834 o “Ley Naranja”, en donde se ratifica al “turismo y patrimonio cultural material e inmaterial” como parte de la economía naranja.

Posteriormente, y cómo es sabido, la economía naranja fue uno de los ejes de la campaña del presidente Duque, lo que hoy se ve reflejado en el Plan Nacional de Desarrollo (PND) con un capítulo entero dedicado a su desarrollo y, entre otras cosas, la creación del Consejo Nacional de la Economía Naranja liderado por el Ministerio de Cultura y en donde también tiene asiento el Ministerio de Comercio, Industrial y Turismo (MinCIT).

Así las cosas, la orientación presidencial ha sido que la economía naranja se aborde como un eje transversal dentro del Gobierno, lo que tiene a varias entidades y ministerios apuntalando sus estrategias para adecuarse a la nueva apuesta y acceder a una serie de iniciativas planteadas. Se cuentan, por ejemplo, los “bonos naranja” de Bancoldex, la ruta de emprendimiento naranja con el SENA e iNNpulsa, y, por supuesto, la Ley de Financiamiento, cuyo decreto reglamentario referente a la exención de renta para empresas de economía naranja, está próximo a expedirse, incluyendo a “actividades referentes al turismo cultural”

 

¿EXISTE EL TURISMO NARANJA?

¿Cómo podrán acceder las empresas del sector turismo a los beneficios de la apuesta naranja? El camino es tan poco claro como la diferenciación efectiva entre turismo cultural y el gaseoso concepto de turismo naranja, que ya comienza a ser usado en muchos escenarios.

De hecho, en el seno de MinCIT, el propósito en economía naranja no es otro que fortalecer el turismo cultural. Consultado sobre este punto, el MinCIT destacó la creación del plan de negocios de turismo cultural en 2017; el desarrollo de la estrategia de Productos Turísticos de Alto Valor en torno a experiencias musicales, patrimoniales y gastronómicas; y la misma estrategia de ProColombia con la producción de 13 videos musicales en el marco de la campaña “Siente el Ritmo” y el fortalecimiento del concepto “Music is the new gastronomy”.

De acuerdo con Gustavo Toro, presidente de Cotelco, “difícilmente las experiencias diseñadas por prestadores de servicios turísticos serán objeto de propiedad intelectual, como para decir que forman parte de la economía naranja”. La tesis de Toro es que “el turismo no forma parte de la economía naranja, aunque sin duda puede ser una herramienta muy importante para su difusión y consolidación”.

Para expertos en turismo como Clara Inés Sánchez, en las regiones hay mucha confusión al respecto, “la gente cree que hacer artesanías es economía naranja”. De acuerdo con Sánchez, “el hecho de visitar un sitio patrimonial en Cartagena o aprender a bailar salsa en Cali no me hace turista naranja. Estoy teniendo una experiencia y seguiré siendo un turista cultural, que busca interculturalidad e intercambios. Mi motivación seguirá siendo cultural, no la ‘naranja´”, señaló la exfuncionaria, y agregó que la relación entre turismo y economía naranja es clara, mas no la expresión “turismo naranja”.

 

PROYECCIÓN CULTURAL, PROYECCIÓN ESTRATÉGICA.

Más allá del debate conceptual, surgen inquietudes en las entidades gubernamentales encargadas de la política turística, sobre la necesidad de forzar los discursos solo para cumplir la directriz presidencial de la economía naranja. Una entidad como el Programa de Transformación Productiva (PTP), por ejemplo, que lleva algunos años ejecutando el plan de negocios de turismo de bienestar, se suma ahora a la economía naranja, porque la experiencia turística en el escenario natural involucra todo un contenido de saberes ancestrales que son comunicados por un guía local.

“Se le puede dar el nombre que uno quiera, me parece que un excelente nombre es la economía naranja, porque lo importante es asociar a todas las industrias creativas del ser humano con el turismo”, manifestó Julián Guerrero, vicepresidente de Turismo de ProColombia. Para el funcionario, se trata de una sombrilla estratégica para cobijar productos turísticos con contenido y proyectarlas de una mejor manera; “los viajeros no solamente quieren ir a un lugar, sino vivir una experiencia y esa experiencia tiene que ver con elementos como la literatura, música, gastronomía, arte; es decir, la creatividad es lo que enriquece el turismo y esa es la conexión que yo veo con la economía naranja”.

Se trata, por ahora, de un enfoque filosófico que debe traer detrás una fuerte apuesta económica e institucional para el desarrollo y apoyo decidido a las expresiones culturales de las regiones, de tal manera que se inserten con éxito a los mercados emisivos internacionales.

A largo plazo se trata de buscar un posicionamiento cultural como país, como lo tiene hoy México con varias de sus manifestaciones autóctonas que son conocidas en el mundo entero. Un ejemplo interesante puede ser Medellín, ciudad que al ominoso estigma del narcotráfico que aún carga en hombros, puede oponer hoy el hecho de ser una de las cunas y mecas de uno de los ritmos musicales más escuchados del planeta: el reggaetón.

Ya hay productos al respecto, sin duda un ejemplo emblemático de turismo y economía naranja, como cientos que puede haber a lo largo y ancho de la geografía nacional. El reto entonces es convertir todo el entusiasmo naranja del gobierno de Duque, en apoyos reales a iniciativas culturales de este tipo que germinan por todo Colombia desde hace muchos años, cuando nadie hablaba con grandilocuencia de la economía naranja.