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Aviación ejecutiva en el siglo XXI

Los vuelos privados ofrecieron desde siempre una serie de beneficios que en una aviación comercial cada vez más masiva y abarrotada se terminan transformando en un enorme atractivo. Sin embargo, la tecnología gravita cada vez más de modo que esa experiencia ha alcanzado niveles de accesibilidad inéditos. Bienvenidos a la aviación ejecutiva del siglo XXI.

La aviación ejecutiva siempre propuso otra forma de volar, decididamente otra experiencia, de calidad intachable. Y es que pese a las beldades de la primera clase o de las suites que ofrecen algunas de las mejores aerolíneas del mundo, algunos inconvenientes continúan siendo infranqueables. Se puede esperar confortablemente en un salón VIP o dormir en un asiento mejor a lo largo del vuelo, pero la realidad es que se debe sufrir la espera en los aeropuertos, las demoras, las cancelaciones, permanecer atado a horarios ajenos, tener que combinar varios vuelos para llegar al destino pretendido y ni que hablar de otros factores, comunes por estos días, como las huelgas de los gremios aeronáuticos…

Sin embargo, hasta hace poco podía aparecer como complicado o hasta excesivamente costoso, pensar en alquilar un avión privado para realizar determinado vuelo. En este sentido, la tecnología se ha sumado al juego y ha hecho enormes aportes que van desde la tecnología propia de los aparatos hasta las formas de comercialización.

 

UN MERCADO RENOVADO.

Lo primero para hacer notar es que los aviones han cambiado. Tal como sucede con la aviación comercial, la ejecutiva cuenta cada vez con mejores máquinas. Las innovaciones no vienen tanto de la mano del servicio como, fundamentalmente, del rango operativo.

Para volar directamente a Europa, por ejemplo, ya ni es preciso hacer escalas ni el avión con la autonomía necesaria implica un tamaño mayor. Por supuesto que aviones “grandes” como el Boeing B-747/400 o el B-777 o el A340 o el B-737 (el BBB: Boeing Business Jet) tienen sus respectivas versiones ejecutivas, algunas en manos de diversos jeques árabes, por ejemplo; pero lo cierto es que hoy aviones ejecutivos más pequeños no tienen nada que envidiarles a los gigantes, ni en velocidad ni en autonomía. El Gulfstream G650, por caso, tiene una capacidad de 10 a 19 pasajeros, y una autonomía de 12.964 km., lo que le permite volar de Buenos Aires a Vancouver o a Tallin (Estonia), sin hacer escalas. Y si fuera necesario, el modelo tiene una versión ER (Extended Range) con la que podría llegar de Buenos Aires a Moscú o al Golfo Pérsico. La ya citada canadiense Bombardier produce el Global 8000 que se vanagloria tener, con 14.631 km., la mayor autonomía del mercado. De modo que el avión podría unir la capital argentina con Sídney y Ereván (Armenia), transportando 17 pasajeros. La francesa Dassault con su Falcon 8X, por su parte, ofrece una autonomía de 11.495 km. Cessna y Embraer quedan un poco a la saga: el producto de mayor envergadura de la brasileña, el Lineage 1000E, tiene una autonomía de 8.519 km.; mientras que el Cessna Citation Hemisphere tiene un alcance de 8.334 km.

A esto se suma, como elemento clave, la variedad. Y no me refiero a marcas y modelos, sino a la autonomía. Ya no es necesario alquilar aviones intercontinentales, con miles de kilómetros de rango, existe una nueva gama de jets pequeños, los Very Light Jet (VLJ) que pueden transportar 4 o 5 pasajeros. Estos aviones, más livianos y dúctiles son más sencillos de operar e igualmente veloces. Un buen ejemplo de ellos son los Phenom de Embraer, que ofrece tres versiones y un rango operativo de 2.100 kilómetros. Estas máquinas, comparten el nicho con otras como el Honda HA-420, el Cessna 510 Citation Mustang y el Eclipse 500.

 

LA NUEVA COMERCIALIZACIÓN.

La renovación no se quedó solamente en la capacidad tecnológica de los aviones, sino que también aparecieron nuevos modos de comercialización.

Hasta ahora, el acceso a la aviación ejecutiva tenía sólo dos caminos: por un lado, la posibilidad de contratar el servicio de una empresa de vuelos ejecutivos y acordar con ella todos los detalles (máquina, destino, horarios de salida, etcétera) o directamente comprar un avión propio (de modo personal, o a través de una empresa o dependencia oficial). Claro que esta última opción se sostiene en una utilización regular y extensiva, y se vincula con la posibilidad de disponer de los fondos necesarios para la manutención y guarda de la aeronave (un hangar dónde cobijarlo, un servicio de mantenimiento técnico que le haga los chequeos correspondientes y demás), y contratar un equipo de vuelo (pilotos y copiloto). Sin dudas, es el camino más adecuado para las empresas que pueden disponer un medio de vuelo propio y autónomo para los viajes de negocios de sus ejecutivos.

Pero en los últimos tiempos aparecieron nuevos modos de comercialización y en mucho tiene que ver Internet. Por un lado, una serie de brokers han comenzado a comercializar de modo fraccionada la propiedad de los aviones ejecutivos. De alguna manera es un sistema equivalente al de los tiempos compartidos: un grupo de personas compran en común un avión que utilizan de modo compartido y gestionan sus costos del mismo modo. Este esquema, llevado al nivel de una gran corporación es NetJet. Cada usuario-comprador puede acceder a una flota de 700 unidades, que realizan 66 mil vuelos al año.

El otro esquema revolucionario es un sistema prepago. Hay compañías como Privé Jets o Icare Aviation que ofrecen una afiliación a un sistema de acumulación, que demanda un depósito inicial de entre US$ 150 mil y US$ 250 mil (depende la categoría). Del mismo modo trabaja Surfair o Beacon, con pagos mensuales que van desde los US$ 1.750 a los US$ 2.000.

Posteriormente, el viajero puede volar cuando lo requiera haciendo valer el dinero depositado y su pertenencia al sistema. En definitiva, el mecanismo comercial le permite reducir sus gastos respecto de la propiedad (total o parcial del avión), pero acceder a una disponibilidad mayor en función de la frecuencia con la que necesite viajar.

Otras propuestas son más convencionales, a excepción del modo de comercialización. Por ejemplo, FlyFlapper, que ofrece los servicios combinados de una serie de empresas de aviación ejecutivas globales, pero a las que se accede mediante una app. En el mismo sentido, y basadas también en aplicaciones, JetSmarter y Ubair apuntan a la economía colaborativa y permiten compartir costos de rentar un jet privado, para viajeros que se dirigen al mismo destino y en fechas similares.

Una nota de color es que algunas compañías aéreas ofrecen servicios ejecutivos por separado. Tal es el caso, por ejemplo, de Lufthansa Private Jet o Qatar Executive, que termina actuando, de cara al viajero, como una empresa de vuelos ejecutivos.

Por otra parte, vale destacar que actualmente se encuentran registradas en México un total de 300 empresas de aviación ejecutiva. Con casi 900 aeronaves registradas, México es el segundo mercado en desarrollo de la aviación ejecutiva de las Américas, tras Estados Unidos. Además, acapara el 35% de todo el desarrollo de la actividad en Latinoamérica. Por otro lado, el 95% de las operaciones están concentradas en el aeropuerto de Toluca.

 
ARGUMENTOS DE VENTA

.Se ahorra tiempo: los vuelos ejecutivos son directos, no dependen de conexiones ni combinaciones de vuelo, y se puede elegir el horario más conveniente para operar.
.Mucha más eficiencia: el vuelo es más concreto y directo, aspectos que lo vuelven más eficientes. Y eso colabora, por ejemplo, en mejorar el estado de salud de cualquier ejecutivo al momento de emprender una negociación o una optimización del tiempo para los viajeros turísticos.
.Control pleno: el viajero contrata el vuelo en las condiciones que impone y le son más favorables en todos los aspectos (desde el confort hasta el destino, pasando por los horarios de vuelo y las fechas).
.Privacidad: no en vano la aviación ejecutiva es el modo de volar de los viajeros que por alguna cuestión no quieren ver su privacidad amenazada. Artistas, deportistas, celebridades y políticos vuelan en jets privados porque, entre otras cuestiones, pueden mantener sus movimientos fuera del alcance del público general.
.Flexibilidad: en términos tarifarios, los tickets más baratos son los que en general disponen de más restricciones y penalidades a la hora de cambiar horarios y fechas. Por el contrario, aquellos tickets que menos restricciones tienen son los más caros. La aviación ejecutiva propone una flexibilidad total, sin costos adicionales.